El Occidente, el vetusto barco objeto de las reflexiones de Martinillo en el magnífico libro de Sampedro, La Senda del Drago, avanza imparable en su rumbo fijado por los oportunos parámetros económicos.
Este Marciano está hasta los esdrújulos, que es una parte de la anatomía marciana equiparable a los testículos humanos, de oír hablar a los infames políticos y empresarios, que son lo mismo, de la búsqueda de la sostenibilidad, del bienestar social, de…, de…, de…, …harto y hastiado.
En el documental La Pesadilla de Darwin podemos observar como ordeñamos las tetas africanas, tanzanas en este caso, que comen las raspas putrefactas de las percas del nilo mientras los filetes viajan a Europa para que dos millones de blanquitos fuertes y sanos coman pescado cada día, como las dietas de moda exigen. Tanzanos que mueren, que son amputados, que viven tirados por la calle, que tienen hijos que también mueren pronto, y que también viven tirados en la calle mientras los niños y papis europeos tiran medio filetito a la basura porque han comido unas chuches antes de la comida. Es decir, y en el mejor de los casos, ser explotado en un trabajo que esquilma los recursos naturales de tu país, para que otros disfruten un manjar que jamás catarás, y comer, seguimos en el mejor de los casos, los despojos sobrantes.
En Afganistán un periodista acaba de ser condenado a muerte por escribir de manera poco decorosa según los escritos del Corán.
En España los políticos siguen su carrera de insultos y mentiras para hacerse con el poder unos cuantos años.
Y en Aragón, el últimamente Aragón de los sueños e ilusiones, de la Expo y Gran Scala,…qué decir. José María Gené Moscoso firma en Tribuna Ajena de Heraldo un artículo que hace temblar al observar qué calaña de personas toman decisiones y mueven parte de la opinión pública.
Me da mala gana comentar semejante cosa, pero me arriesgaré:
Gran Scala es bueno porque imita el modelo americano y America, ya saben, es lo más: “goza de la constitución escrita más antigua del mundo, es un país inequívocamente democrático, sus universidades están entre las mejores, sus colecciones de arte privada son las más extensas y, en más de una ocasión, han tomado las armas para salvar a Europa”. ¿Va quedando claro?, ¿va teniendo sentido Gran Scala?, ¿no?.
“Gran Scala será un éxito, llenará de vida y puestos de trabajo una parte de Aragón, lo que será bueno para todos, para la población de Cataluña, que está cerca, también”. Qué poco valor tiene el diccionario cuando el sentido del éxito es tan dispar para unos y otros. Qué podría contarle yo a este tipo sobre qué éxito supone implantar un complejo basado en hábitos sociales perniciosos, en el consumo desmedido, en la ostentación del golf, mientras se arrasa un espacio de valor natural único, e indirectamente se afecta a territorios tan sensibles y presionados como el Pirineo, o a todo el entorno monegrino.
“No me extrañaría que los expertos digan que el impacto medioambiental no sólo no es negativo sino que es un modo de revertir la desertización, que los estudios de meteorólogos y médicos certifiquen las ventajas que tiene el clima seco para la salud (¿ein?), y que alcaldes de la zona vean cómo sus pueblos se repueblan y crece el bienestar económico y el nivel de vida”. Bla, bla, bla, y los campos se llenarán de luz multicolor. Menudo giro lingüístico el de “bienestar económico”. Queda retratado fielmente su pensamiento. Y lo del impacto ambiental…¿qué?.
Pero, ojo, que aquí está el argumento para cagarse de miedo: “y, finalmente, que el Real Zaragoza acabe encontrando su sponsor ideal, que en Europa el fútbol profesional es lo que más gente atrae y lo único que le falta a Las Vegas en un equipo en las Ligas Mayores”.
Así sí, con estos argumentos, en la línea de los de Marcelino, Biel, etc., me habéis convencido, ¡que viva Gran Scala y la madre que os parió a todos, banda de depredadores salvajes!