Sigo conociendo cosas de su planeta mientras gestiono mi vuelta a casa. Aprovecho para conocer y hacer algunas averiguaciones. No dejo de sorprenderme.
Anoche vi un documental de una de las guerras que ha habido por aquí: la segunda guerra mundial. Comprobé que a la locura del bando alemán se debe sumar la del otro. Todo un ejército de los mejores científicos del mundo recluidos en un poblado creado al efecto para construir la bomba atómica: el Proyecto Manhattan. Tras las investigaciones llega el momento de probarla. Los científicos del proyecto tienen dudas, ¡e incluso piensan que podría resquebrajarse la corteza terrestre!. ¡Y a pesar de ello la prueban!. La historia posterior la conocen bien, hacía falta un golpe de efecto final y al presidente americano Truman (continuador de la tragedia que inicia Roosevelt) no le tiembla el pulso para dar el visto bueno al lanzamiento de las bombas que arrasan dos ciudades enteras, con sus gentes buenas, malas, sus niños, sus ancianos, sus historias de amor, sus sueños e ilusiones, etc. Lo mejor de todo es que el siguiente paso consistió en continuar el proceso hasta dar con bombas cientos de veces más potentes. Con lo bien que salió la primera, no era cuestión de parar…
Ésto es sólo una muestra: el planeta se divide en dos, los que derrochan los recursos y la comida y los que no tienen nada y pasan hambre; se extinguen a causa de la acción humana cientos de seres vivos cada semana; el ritmo de desarrollo actual es incompatible con el futuro y la sociedad mira a otro lado; se dilapida a diario buena parte del patrimonio natural del planeta a base de ladrillos y hormigón, de presas, de talas indiscriminadas; existe armamento actualmente con potencia para volar por los aires el planeta tierra; etc. Esta misma sociedad encuentra entre sus principales preocupaciones la moda, los programas de tv, los protagonistas deportivos de la jornada.
En medio de todo esto los humanos se autoproclaman la especie inteligente. La cumbre del desarrollo evolutivo. En mi planeta no solemos reír ante las desgracias, pero es que no me dejan otra opción.