
Fluvi ya casi ha gastado todo el cemento.
“Es la hostia”, dijo Paco El Pocero al subir a su nuevo yate de dos mil kilómetros de eslora. Este hombre un tipo de esos que alcanzan el máximo éxito social posible en nuestro mundo: dinero por castigo, famoso por sus construcciones megalómanas como la de Seseña, en Toledo; al margen, por ejemplo, de cualquier respeto medioambiental (algunos bosques y águilas imperiales supieron hace poco de qué hablo). Amigo, como no podía ser de otro modo, de importantes políticos, que encantadísimos de conocerse le visitan en sus barquichuelos o avioncetes. Unos favores por otros. Bueno, aquí pueden ver su Titanic particular.
Gran Scala va dando sus primero pasos como todo niño que comienza a andar: la diferencia es que da el primer paso unos días después de comenzar los rumores sobre el embarazo. Desde que hace unas semanas comenzaron los rumores, el asunto avanza a la velocidad del rayo, alimentado por los disparates verbales de nuestros amados políticos. Biel puede rellenar una edición completa de la antología del disparate, y de la desvergüenza. Ahora se anuncia la colocación de la primera piedra al acabar la Expo. Afanes faraónicos, que no decaigan. Marcelino, la gran decepción para ya tantas cosas (legislación medioambiental, políticas sociales, freno de especulación desaforada, ley de lenguas, …), charla sobre sus ilusiones: “debe ser plenamente sostenible”. Repito, repito, repito: campos de golf descomunales, parques acuáticos, cientos de hoteles y restaurantes, …, maño, explica que te pasas por el forro todo precepto sobre la mesura y que se pretende adorar al Dios EURO en todas sus manifestaciones, pero no te rías de los cuatro pobres que aún no han sido abducidos por el Pan y Circo actual.
Tras varias semanas en el pueblo, acudir a la gran urbe es una orgía difícilmente asumible para los sentidos. Llego a casa con sensación de ahogo y con el pecho encogido. Acá respirar se convierte en un acto de masoquismo, y ya sólo por esto la vida en esta maldita capital llamada Zaragoza carece de sentido y me parece una estupidez. Al menos hoy se mostraba una luna magnífica. Una luna que ya iluminaba el cielo sobre Zaragoza antes que los humanos estuvieran por aquí, y que lo seguirá haciendo cuando ya hayan marchado. Lamentablemente, las urgencias en las últimas compras y el tintineo de las monedas ávidas de ser canjeadas por objetos que alimentan nuestra desmesura materialista impedían a las personas levantar un poco la mirada y quedar absortos por la fascinante belleza lunar que surcaba el espacio sobre nuestras cabezas.